La vida es rara.
En ocasiones vas a viento en popa y de repente cambia la dirección del viento y te da un golpe que no esperabas.
Y es que es así, simplemente golpes que no pediste. Una enfermedad, una pérdida inesperada, y vemos cómo la vida se torna dura, y cómo no se arregla con un simple consejo.
El cambio, la muerte y uno que otro impuesto son inevitables en la vida. El cambio es lo verdaderamente común aun cuando al cambiar te llaman raro.
Para muchos yo soy el raro porque cambio en un instante, tomo decisiones demasiado rápido y en ocasiones no obtengo los resultados esperados. Es interesante cómo opera la percepción de las personas. Es como si el bambú moso hubiese tardado solo 6 semanas en crecer su culmo en lugar de los 10 años que verdaderamente estuvo creciendo bajo la tierra para luego salir en 6 semanas.
En ocasiones hay que tomar decisiones rápidas, pero cuando alguien está en posición de tomar una decisión rápida, muchas veces son los años que estuvo esa persona creciendo y preparándose bajo la tierra. Para un simple observador son decisiones rápidas; para un maestro del desarrollo y la disciplina es el resultado de años de preparación.
Pasa lo mismo con los resultados: un simple observador ve que no obtuvo el resultado esperado. Un maestro del desarrollo y la disciplina sabe que no se obtuvo el resultado esperado en estos momentos. Y esa es precisamente la clave de los resultados, en estos momentos.
Que te digan raro, que juzguen tu toma de decisiones y tus resultados. Rara realmente es la gente que vive sin elegir y, al no elegir, ya eligió que alguien eligiera por ellos aquello que no quieren.
La vida no te debe una explicación, pues viva no está. Son tus elecciones lo que dan forma a tu vida.
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