A lo largo del día tenemos decenas de conversaciones, muchas insignificantes, algunas significativas, pero pocas, muy pocas son el alfa del omega de malas raíces.
Vivimos en tiempos extraños de conversaciones de teclado, pensamientos de vitrina y convicciones de temporadas, que cuando nace una conversación excepcional, hay que estar inmensamente agradecidos.
Es precisamente una conversación de esas la que me movió a escribir esta pieza y es que, cuando un mensaje nace con propósito, vive por siempre en el fluir de las letras.
Hablaba con una amiga sobre un video que había visto ella en alguna red social. Me comentaba que el video le impactó tanto que tuvo que sentarse a escribir lo que decía.
Le impactó tanto el mensaje que no le bastó con escribir lo que decía, sino que lo memorizó en su totalidad.
Al pedirle que lo recitara, me dio el contexto de lo que pasaba en el video. Comentó que era un video de un ventrílocuo con su marioneta donde el ventrílocuo le preguntó a su marioneta lo siguiente:
-Si tú pudieras devolver el tiempo, ¿qué harías? ¿Qué cambiarías?
– ¿Qué cambiaría?
-Sí.
-Tal vez, abrazaría a mi padre y le diría que lo quiero.
-¿Lo abrazarías y le dirías que lo quieres?
-Sí.
-¿Y por qué no lo haces?
-Ya murió.
-¿Lo extrañas?
-Sí. Mucho.
-Mucho.
-Sí.
-¿Era cariñoso contigo?
-Ah, Nunca lo fue. Nunca. No.
-¿Y si extrañas eso?
-Sí, lo extrañé cuando era niño, entonces me di cuenta que yo era bien egoísta, porque a veces uno, de ser humano, siempre está buscando echarle la culpa a los demás de las deficiencias de uno. Uno quiere que lo quieran a la manera de uno. Pero cuando él murió, me di cuenta quee, que él era un hombre muy solo. Me hubiera gustado darme cuenta de eso antes de que muriera, pero no fue así. ¿Saben? La sociedad te enseña hoy en día que, que el verdadero amor únicamente está en los besos, en los abrazos, en la atención. Pero eso no es así. Eso es parte.
-Cuando él murió, me di cuenta que mi padre me amó más de lo que yo me imaginé. Porque, aunque nunca me dijo que me amaba, porque aunque nunca me abrazó, a través de su trabajo me dijo que me amaba tanto. Era un hombre trabajador que se levantaba temprano y hacía todo lo que tenía que hacer, y nunca faltó comida en mi mesa, ni techo sobre mi cabeza, ni ropa que ponerme. Él no podía estresar ni darme lo que nunca tuvo.
– Es que nunca lo abrazaron. Nunca le dijeron que él era importante, nunca le hicieron sentir lo especial que era. Él no sabía cómo decirlo, pero él pensaba que dándome todo lo que él podía, iba a cubrir, y que esa era la forma de enseñarme que me amaba.
-Cuando está el Día de la Madre, los restaurantes se llenan. Cuando es el Día del Padre, ya no hay calcetines en TJ Maxx ni en ningún lado, todo se agotó. Es que emos perdidos el sentido de honra.
-Dice la palabra de Dios: “Honra a tu padre y a tu madre para que sus días sean alargados”.
-No dice que los honres si son buenos.
– Honralo.
Ella terminó de recitarlo con un severo taco en la garganta. Yo, con mi nudo en el pecho, no podía hablar.
A mi petición, ella lo escribió en un papel, y a instancias del nudo en mi pecho, yo se los escribí a ustedes.
Dios sabrá el por qué.
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