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Lo que se aprende antes del nuevo año es lo que cuenta.

Lo que se aprende antes del nuevo año es lo que cuenta

Me gusta siempre escribirles algo antes de finalizar el año. Busco llevar un mensaje que nos ayude a reflexionar en si aún disfrazamos al nuevo año de un superhéroe que nos puede arreglar la vida.

Esa tendencia de pensar que el nuevo año traerá la oportunidad, el momento adecuado, el cambio que tanto necesitamos para nuestras vidas. Una tendencia que al examinarla con detenimiento es una tendencia mística.

La llegada de un nuevo año no es un evento mágico o sobrenatural que nos allana el camino para una nueva versión propia o simplemente para alcanzar el éxito. Si queremos cambiar nuestras vidas realmente, el nuevo año no es la base sobre la cual lo hacemos.  

Solo existe un momento en el cual podemos cambiar nuestras vidas y ese momento para todos nosotros es hoy. Hoy es el inicio de todo, no el nuevo año. Lo que estás pensando iniciar en el nuevo año, inícialo hoy.  

No quiero implicar que el nuevo año no representa nada o no es útil para nada. No, ese no es el mensaje. El nuevo año puede ser una puerta a una reflexión profunda, a un proceso de agradecimiento, que ambos sabemos que no tiene que esperar al nuevo año para que lo hagamos, pero el contexto de lo que ocurre en el nuevo año es la mesa perfecta a la cual nos sentamos a comer sin el celular en la mano.

El arte de reflexionar con intensidad, enfoque, sobre todo lo vivido, lo aprendido y la idea de que el momento es ahora, es lo que quiero plantearte hoy con este escrito. Más allá de mirar al futuro, más allá de las nuevas metas, también quiero plantear la importancia de repasar lo vivido desde un ojo crítico.

Como entenderán, el proceso es una tarea titánica. Escribir con ese nivel de precisión, buscando llevar un mensaje inequívoco, se enmarca siempre en el respeto y el deseo de hacer el bien. Sé que Dios vio mis estragos en el proceso y decidió echarme una mano cuando me regaló, en el momento perfecto, una canción llamada Aprendí, de Alex Zurdo.

Acá les dejo uno de los mensajes más poderosos que he encontrado en una canción y que nos lleva a reflexionar sobre el nuevo año y la importancia de entender que el momento es ahora:


Este año se despide y quiero decir antes de que se me olvide, que el futuro es fruto de lo que hoy día decides. Aprendí que la felicidad con logros no se mide y perdonar no es tan difícil, uno mismo es quien lo impide. Que Jesús me oye, aunque a veces no lo escucho, que Dios ha sido fiel cuando río y cuando lucho. La vida pasa así que sácale provecho, y no es que tengas poco tiempo, es que a veces pierdes mucho.

Ha sido tan difícil levantar la frente, después el huracán categoría 2020. Pareciera una película de esas de las que mienten y quizás mis nietos ni me crean cuando se las cuente. Que diferente toda esta situación, encerrados sin un rumbo y sin dirección. Pero si el tiempo pa’ mis hijos les trajo diversión, yo puedo dormir tranquilo, fue segura mi inversión.

Escuché a la fama y a su ruido silencioso, y me gusta ser cantante, pero amo ser esposo, amo ser papá, me da paz, y me trae reposo, también amo ser hijo, ver mis viejos me da gozo. Y si en WhatsApp no contesto, no es que me pierda, tampoco considero que seas un cero a la izquierda. Pero a veces me entretengo porque ando comprando cuerdas, pa’ la guitarra del viejo que apenas me recuerda.

Aprendí la importancia de ese lazo, y que una videollamada no es lo mismo que un abrazo. Que los minutos en familia antes eran escasos, y hoy quisiera remendar y llenar de amor el vaso. Aprendí que al tiempo hay que valorar, y que se invierta en la gente pa’ que el amor se haga viral. Para que no coseches mal, y no hay diablo que justifique la ruptura de un hogar.

Aprendí que todo es proponérmelo, que se juega con TikTok pero no el del reloj. Que la oportunidad llega sin buscarla, pero hay veces que hay que fajarse pa’ poder crearla. Que la crisis en ocasiones es un resultado de dejarle todo a Dios, mientras yo sigo acostado. Aprendí a valorar lo grande de lo pequeño, a no subestimar los sueños.

Y para ti que me escuchas, la mascarilla cubre tu sonrisa, pero no tu lucha. A pesar del dolor que al vivir nos toca, que no falte la alegría detrás de tu cubrebocas. Habla con Dios siempre y cada vez que puedas, no hay una petición con fe que Él no la conceda. Sé que puede hacer que esto retroceda, el cielo no tiene límites ni toque de queda.

Sí, muchas lágrimas cayeron, seres queridos que no están y este año se fueron. Pero la fe mueve montañas y si Cristo te acompaña, te dará la fuerza pa’ empezar de cero. No es que le reste importancia a lo que perdimos, pero hubo mucha ganancia en lo que aprendimos. La incertidumbre no podrá reconocerte, no te mató, te hizo fuerte.

He aprendido a reír cuando todo está bien, y también cuando algo anda mal. Aprendí a no afanarme por nada, que las pruebas no son el final. Aprendí a no quedarme en el suelo, que el proceso solo es temporal.

Tú de arriba me mandas consuelo, y no cambias, siempre eres igual.

Espero que este escrito sea el comienzo del nacimiento de millones de sueños y billones de constelaciones de sí se puede.

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