En el mundo del desarrollo personal, uno de los principios más poderosos y complejos de dominar es poder tener la certeza de triunfo antes de que ocurra. Esto, aunque pareciera pasear entre los pasillos del misticismo, en realidad es una técnica real, que ha sido altamente estudiada y que se ha probado que tiene un impacto tanto en lo personal como en lo profesional.
Esta técnica aplica a todos los niveles, desde los estudios hasta los deportes de alto nivel. Un gran ejemplo que llega a mi mente fue el sexto Juego de las Finales de la NBA en 2022, protagonizado por Stephen Curry, la estrella de los Golden State Warriors.
Recuerdo como si fuera ayer cuando estaba viendo ese juego en vivo. Fue el 16 de junio de 2022, los Warriors enfrentaban a los Boston Celtics en el TD Garden, con la posibilidad de ponerle fin a la serie y coronarse campeones. Ya habían pasado dos cuartos y estábamos en el tercero. El reloj marcaba 6:15 en el tablero, y de repente Stephen Curry encesta un triple desde 29 pies de distancia con la asistencia de Draymond Green.
Acto seguido, mientras retrocedía hacia su lado de la cancha, señaló con calma su dedo anular. No gritó, no gesticuló con exageración. Simplemente hizo una señal sutil, casi solemne dirigiendo toda la atención hacia su dedo.
Fue en ese simple momento en el tiempo, donde se ganó el campeonato del 2022. Esa declaración poderosa, respaldada por las horas interminables de práctica, las habilidades desarrolladas y la decisión de que se logró lo que aún está por lograrse, fue lo que llevó el mensaje claro y contundente a su equipo, a sus oponentes y al mundo entero: “este, ya lo ganamos”.
El poder de la mente es impresionante. Pero más impresionante es ver a muchas personas que piensan que es un mito o simplemente una percepción lo que realmente somos capaces de hacer si enfocamos nuestra mente hacia un objetivo.
La psicología del deporte estudia constantemente este tipo de visualización como una herramienta de alto impacto. Los atletas que se visualizan rindiendo al máximo nivel suelen mostrar mejoras en la confianza, la precisión y la resistencia mental. Pero ya está probado que no es solamente un tema mental.
En el 2014 se llevó a cabo un estudio en Cleveland Clinic que resultó ser la mar de interesante. En el estudio se le pidió a un grupo de participantes que realizaran ejercicios de visualización de flexiones de dedos (sin moverlos) durante 12 semanas. Al mismo tiempo otro grupo realizaba los ejercicios de forma real y un tercer grupo no hacía ningún tipo de ejercicio.
Después de 12 semanas, el grupo que entrenó físicamente reportó un aumento de 53% de fuerza en sus flexiones. El grupo que no hizo ningún tipo de ejercicio no reportó un cambio significativo, pero la verdadera sorpresa se dio para el grupo que no hacía flexiones físicamente, sino que visualizaban hacerlas. Ese grupo tuvo un aumento de fuerza muscular de un 35%. Un 35% de aumento en fuerza muscular simplemente por visualizar hacer el ejercicio.
La visualización es extremadamente poderosa y fue precisamente lo que Curry manifestó cuando hizo el gesto con su dedo en el tercer cuarto.
Lo interesante es que al juego aún le quedaban como 5 minutos en ese tercer cuarto, y como gran parte de ustedes saben, un último cuarto. El marcador en ese momento estaba 72-50 a favor de Golden State. El que sabe de baloncesto, lo cual definitivamente es el caso de Curry, sabe que diecisiete minutos restantes para un juego es simplemente un juego dentro de un juego y todo puede pasar.
Pero al parecer, para Stephen Curry esto ya estaba decidido. Simplemente tenía que pasar. El tiro y el gesto de Stephen ampliaron la brecha psicológica entre ambos equipos. Los Celtics, que habían comenzado con energía, parecían desinflarse ante el enfoque y la convicción de Curry. Fue un golpe moral, no simplemente técnico.
Lo importante de este episodio no es solo la victoria que ocurrió en la cancha, sino lo que el proceso representa para cualquiera que persigue una meta. Visualizar el éxito no es un acto de arrogancia, no es un simple deseo o un yo quisiera, sino que se basa en la preparación mental y en las decisiones claras. Se trata de asumir que el objetivo es inevitable, y entonces actuar, pensar y sentir en consecuencia. Es la decisión de: “ya lo logré”, aunque el resultado aún esté por llegar.
Stephen Curry no se convirtió en uno de los mejores tiradores de la historia solo por su técnica. Su mentalidad es una de las piedras angulares de su éxito. En ese sexto Juego, no solo encestó 34 puntos y aseguró el título; también dio una lección de liderazgo interno, de fe inquebrantable y de poder personal.
Todo comenzó con un simple gesto, cuando decidió que era tiempo de hacer la señal del anillo.
Visualiza tu meta. Cree en ella como si ya fuera real y actúa desde esa certeza. Porque a veces, la diferencia entre lograrlo y quedarte a medio camino está en la convicción con la que das cada paso.