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El que mucho abarca, poco aprieta

Una vez más, se demuestra que esos refranes de antaño cargan un nivel de sabiduría que sigue siendo relevante con el paso de los años. Lo que hoy en día se conoce como multitasking, que no es otra cosa que hacer múltiples tareas a la vez, puede parecer una manera eficiente de manejar nuestras responsabilidades diarias, pero en realidad no lo es.

Numerosos estudios demuestran que intentar abordar varias actividades simultáneamente a menudo resulta en una disminución de la productividad y un aumento de la procrastinación. Cuando tratamos de escribir un informe mientras respondemos correos electrónicos y revisamos mensajes en el teléfono, nuestra atención se fragmenta y la calidad del trabajo se deteriora.

Un estudio de la Universidad de Stanford encontró que las personas que frecuentemente hacen multitasking tienen más dificultades para filtrar información irrelevante y son menos eficientes al cambiar de una tarea a otra. Esto se traduce en un mayor tiempo para completar cada tarea y, en muchos casos, en su postergación.

Esto sin contar que el estrés y la fatiga mental que genera el multitasking pueden llevar a un estado de agotamiento que, paradójicamente, impide lograr lo que se pretende.

Para alcanzar un alto rendimiento y desarrollar la habilidad de “manipular el tiempo”, el único camino es el enfoque absoluto.

¿Qué es el enfoque absoluto? Es simplemente perderse en lo que estás haciendo. ¿Alguna vez has tenido la sensación de que el tiempo se detuvo? ¿O que pasó tan rápido que no te diste cuenta? ¿Has logrado hacer algo y obviar todo lo que está a tu alrededor, como si no existiera? Eso es precisamente el enfoque absoluto.

Es en ese estado donde realmente podemos manipular el tiempo.

Si realmente quieres avanzar, generar adelantos significativos, tienes que perderte una y otra vez en cada una de tus tareas, pero una sola a la vez.

Ese es el camino para poder apretar bien.

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