En la vida, existe una distinción fundamental entre desear que algo suceda y tener la necesidad de que ocurra. Cuando hablamos de querer que algo pase, nos referimos a un deseo o anhelo que, aunque importante, no es imprescindible para nuestro futuro o presente.
La diferencia entre estos dos conceptos puede influir significativamente en nuestras decisiones y prioridades. Según estudios, reconocer nuestras necesidades frente a nuestros deseos nos ayuda a tomar decisiones más informadas y a gestionar mejor nuestras expectativas.
Es mejor caminar sobre brasas ardientes, sabiendo que quemarse es una posibilidad, que estar sujeto al mismo escenario con los ojos vendados.
Entender esta diferencia entre desear que algo suceda y tener esa necesidad es haber comprendido que, al final del día, es la decisión la que cuenta. ¿Está tomada o no?
Es esencial discernir entre lo que realmente necesitamos para prosperar y lo que simplemente deseamos. Esta comprensión nos dará la libertad de elegir entre ser guerreros que han perdido una cantidad sustancial de batallas o esclavos del propio ser, que las han perdido todas.